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En cuanto al peinado, los antiguos romanos se dejaban crecer la barba y los cabellos. A partir del s.III a.C., por influencia griega comenzaron a cortarse el pelo y a rasurarse la barba; hubo épocas en que estaba de moda afeitarse, incluso la cabeza, y varias veces al día. Las mujeres, por su parte, nunca tuvieron de moda el cabello corto; las jóvenes llevaban el pelo recogido con un nudo en la nuca o en trenzas formando un moño. La complicación de los peinados llegaba a ser grandísima, dedicando la mujer varias horas a tal efecto. La preocupación por el peinado era tal que, cuando se esculpía un busto, el artista tallaba el peinado con una pieza de mármol suelto para poderlo cambiar al variar la moda.



*Características:
Sea quien fuere en realidad el autor de la Victoria de Samotracia, lo cierto, sin lugar a dudas, es que en ella contemplamos una de las cumbres de la plástica griega. Debió de ser donada por los rodios al santuario de Samotracia a raíz de la victoria naval que obtuvieron en Side frente a Antíoco III de Siria (190 a. C.), y que les supuso, además del control de amplias comarcas en Caria y Licia, la alianza de numerosas ciudades e islas próximas. La obra estuvo al nivel del acontecimiento que conmemoraba: la estructura ondulante, ascendente, de la figura; sus finísimas telas pegadas por el viento al cuerpo, creando un efecto que supera incluso en fuerza y realismo los pliegues mojados de Fidias o Timoteo; la vibración del aire marino que se siente en toda la superficie, creando remolinos y sacudiendo las propias plumas de las alas, todo ello se completaba, para acrecentar aún más el efecto teatral de la obra, con un entorno ambientador: colocada sobre su nave, la figura aparecía en un templete, como metida en una hornacina y destacando sobre un fondo oscuro; y delante de ella, al pie de la proa, se abría un estanque del que surgían rocas y por el que corrían cascadas de agua. Magnífica fusión de escultura y naturaleza que difícilmente hallaremos en el arte griego anterior, y que nadie sabrá explotar después mejor que los propios rodios.
FUENTE: http://www.artehistoria.jcyl.es/

